Llevo a Rock al Parque en el corazón.  Estuve como músico del 95 al 98. Después, como locutor de radio fui muchas veces a trabajar, incluso como presentador oficial desde la tarima, con honorarios pagados por el Distrito. La última vez que fui por trabajo transmití para Radiónica, emisora estatal.
Trabajé con la obligación de promover la convivencia y la tolerancia en el festival.  Muy bueno, pero también limitante para asumir una posición crítica sobre lo positivo y negativo del festival.
¿Por qué un periodista cultural en Colombia tiene que mencionar sólo los aspectos buenos?
Por varias razones…
Por el sueldo.  Si el festival es organizado y pagado por el gobierno de la ciudad, no es admisible ser contratista del estado y emitir juicios negativos en público.  No se puede trabajar en Canal Capital (el jefe es el alcalde) y criticar al festival o el cartel de artistas.  Obvio.  No se puede trabajar para Radiónica (el jefe es el presidente) y asumir una posición realmente crítica.  No se puede trabajar directamente para Rock al Parque y divulgar errores y críticas.
Tampoco se puede, en un medio privado, tener convenios con Rock al Parque y criticarlo de frente pretendiendo mantener esos convenios vivos.  Eso le puede pasar a Shock, Vive.In y tantos otros medios de comunicación. 

Amigos periodistas: No se puede cubrir el festival con criterio y al mismo tiempo bailar en la tarima con Bomba Estéreo

Otra razón es que los colombianos somos muy grupies.  Nos gusta estar en la ‘jugada’, la zona de prensa y entrar sin filas.  Es muy cómodo que el festival te mande un conductor a la casa y te lleve hasta el parque para trabajar. Si me lo vuelven a ofrecer yo aceptaría.  ¿A quién no le gusta disfrutar de la pasión de la música en mejores condiciones?  A cambio de eso parece que estamos dispuestos a ser complacientes con la organización, así no siempre se lo merezca… y por eso a veces comentamos en privado lo negativo y en público lo positivo.
Pero yo también he entrado muuuchas veces haciendo la fila con todo el mundo, quitándome los zapatos y caminando descalzo por las requisas, incluso bajo la lluvia.  He vivido granizadas e inundaciones del parque y he pasado hambre por no poder pagar el precio de la comida dentro del parque.  Entiendo de primera mano las críticas en la calle y entiendo muchas decisiones logísticas de seguridad.
Me atrevo entonces, en este blog independiente, a lanzarle esta pregunta a usted que está leyendo y que posiblemente no tiene miedo de ‘perder el puesto’ o ‘perder el contrato’.  Por favor sea respetuoso y sensato al responder… 

¿Rock al Parque 2011 le pareció evolucionado o desdibujado?
Aunque resulte impopular, a mi me encantaron varias propuestas nuevas, electrónicas, teatrales, multietnicas y globales. Me gustó que Overkill y D.R.I estuvieran en escenarios distintos simultáneamente. Eso mejora el manejo de público masivo. No me gustó Fischerspooner, encontré vergonzosamente mala la presentación de La Derecha (opinión personal), me gustó muuucho Chocquibtown, me gustó Bomba Estéreo y me gustó Buraka Som Sistema.  Pero… ¿No habrían estado mejor en el Festival de Verano? Tan solo un mes más tarde para ver lo mismo sin faltarle al público del Rock que está en el nombre de este festival.  El gobierno de Bogotá tiene más opciones para presentar artistas en el mismo parque.
Por otro lado quizás estamos viendo cómo el festival se pone al día con el momento histórico y cómo se hace más actual, democrático e incluyente.  Tenemos que entender que el festival es de todos los bogotanos y para todos los bogotanos, no sólo para los de corrientes duras del rock.

¿Usted qué piensa?  Por favor publique su comentario en este blog.

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Gracias a la televisión TDT he recuperado las ganas de ver los 2 canales privados colombianos.  La HD (alta definición) al aire y “gratis” (sin pagar cable) me ha gustado bastante.

He seguido La Bruja en Canal Caracol y de El Joe, la leyenda, en Canal RCN.   Ambas tienen muy buen material partiendo del libro de Germán Castro Caicedo y de las canciones de EdiMúsica (Discos Fuentes),  pero hay diferencias enormes en la calidad de los productos finales.

La Bruja tiene una gran historia y reúne a grandes actores con maravillosas locaciones.  ¿Se nota que me gusta? Pues me encanta.  Capítulos cortos y con sentido narrativo, sobre ejes temáticos conocidos en TV como el narcotráfico, política, historia nacional reciente y caficultores, pero con muy novedosos giros que la hacen única y sorprendente.

El Joe, la leyenda, tiene la mágia de esa época dorada de la salsa en Colombia, un repertorio de canciones excelentes, divertidas y clásicas.   Pero están envueltas en una trama jartísima que de verdad parece de telenovela escrita en los 70s para público de los 70s.   

Ambas historias transcurren en Colombia hacia 1973-75, pero la narrativa de La Bruja es de hoy.  Mientras que El Joe gira sobre ese personaje femenino sufrido, estúpido e ignorante que era común en los melodramas tipo Delia Fiallo en radionovelas que se disputaban la sintonía de la radio por aquellos años contra las canciones de los Latin Brothers y Fruko y sus Tesos.

El Joe está tan mal ambientado en la época que debería mostrar (por ejemplo: en toda la serie en toda Medellín aparecen sólo 3 carros: un Peugeot beige, un Renault 12 parqueado y un taxi negro)   … tan mal ambientado, que suplieron la producción de arte con un libreto típico de los 70s al poner a una niña consentida y millonaria (que anda en Renault 4) y que llora en absolutamente TODOS los capítulos y se deje engañar como en radionovela de Todelar del 73.

Es taaaan jarto ese personaje, que me amarga todo lo que debería ser una gran fiesta de alegría y música sobresaliente con un género tan festivo como la salsa.

Y como dicen en televentas… “espere, aún hay más”…

Para UN sólo actor de peso que hay en El Joe (Jairo Camargo)  en el capítulo de hoy mataron al personaje dejándonos a merced de un muy extenso elenco de modelos debutantes en la actuación con horribles pelucas imitación de afros setenteros.    ¿Qué nos espera?  Parecen en una obra de teatro escolar.

En La Bruja, en cambio, están los más reconocidos actores por la excelencia en su oficio: la magistral Vicky Hernández, Kepa Amuchastegui, Humberto Dorado, María Cecilia Botero, Andrés Parra… y la lista sigue.  Y algunas caras nuevas que refrescan sin arriesgar el balance de credibilidad en la historia.

En El Joe sólo están las caras nuevas… sin méritos, que dejan caer los personajes en el tedio.  Me gusta, sin embargo, la actuación natural de Mauro Castillo, como Manyoma.  Pero creo que es más un acierto al elegir a un actor natural que no necesita actuar para representarse a si mismo.  Es obvio, un músico caleño real hace bien el personaje de un músico caleño real.  Es el único creíble en toda la producción.

Por lo demás… El Joe se hunde todas las noches en capítulos larguísssimos que parecen largometrajes de bajo presupuesto en los que uno simplemente espera que aparezca una canción para salvar la noche.

En cambio,  20 minutos diarios de La Bruja son suficientes para mantener la curiosidad por la historia y las ganas de ver más.



“El contenido del libro es creativo, pero la forma también es creativa”, me contó Juan Carlos Ortíz sobre lo que le respondió a un amigo en común en el muro de la página facebook del libro Shorts / Cortos. Un libro escrito en español y en inglés e impreso con dos portadas, es decir un comienzo en cada tapa y un encuentro entre ambas lenguas justo en el medio del libro. No hay final. Lo encuentro mágico.

He tenido el honor de compartir desde 1985 con Juan Carlos y el gusto de verlo crecer. Hoy lo acompañé durante un par de horas mientras firmaba su libro en la 24 Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Firmó y dedicó mi segunda copia del libro, esta vez en papel. La primera la compré y descargué en SmashWords y la leí en mi teléfono, como creí que debía ser la experiencia. De teléfono a teléfono.

Fue escrito en una BlackBerry y yo leí la mitad en un Samsung Omnia II (Windows Mobile) que perdí cuando desapareció de mi bolsillo tras un empujón en la plazoleta del Rosario, en Bogotá… y luego terminé de leerlo en un Xperia (Android).  Una de las ventajas del e-book es que no te lo pueden robar.

Una muy bonita dedicatoria quedó en mi libro de papel, en la primera página de la mitad impresa en español. Ya quisiera yo tener esa dedicatoria como recomendación en LinkedIn.

El mundo está cambiando… sin telefonearnos Juan Carlos me ha contado un montón enorme de cosas por teléfono. 🙂


Mark Twain escribió el primer libro tipeado en una máquina de escribir. Juan Carlos Ortíz escribió el primer libro digitado con sólo los pulgares, en una BlackBerry.

Así apareció reseñado en un periódico y así voy a recordarlo en el futuro.




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Este es un aparte de la investigación “Historia del Rock Colombiano, memoria de un fenómeno cultural”, desarrollada por el autor de este blog desde 1991. El texto publicado inicialmente reposa en la biblioteca de la Universidad Javeriana de Bogotá.  Derechos registrados. Por favor comparta esta información y cite al autor.

CAPITULO 1: Obertura
LLEGA A COLOMBIA
 

Finalmente todos los productos que aparecen con la nueva música en Estados Unidos: discos, conciertos, cine, comienzan a exportarse a todo el mundo. A Colombia llegan inicialmente las películas de cine, ya que las salas nacionales sólo disponen de films extranjeros para proyectar. 
Algunos discos son traídos desde Estados Unidos y comienzan a radiarse en las emisoras locales y a prensarse en las disqueras que se han fundado en el país emulando a las ya existentes en Norteamérica, es decir, siguiendo el modelo de empresas especializadas en vender productos musicales, o incluso como fábricas concesionarias de las compañías extranjeras.

Gracias a la difusión de estos materiales la juventud colombiana empieza a entusiasmarse con el apoyo al fenómeno que ofrece la industria mexicana, que sirve como extensión de la estadínense para Latinoamérica. 

Incluso las traducciones y versiones en español de las canciones norteamericanas de éxito llegaron a Colombia antes que las versiones originales, así que los jóvenes recibían primero la copia mexicana y luego decidían emular a sus estrellas, que no hacían otra cosa que emular a otras estrellas de Estados Unidos. 
Así aparecen los primeros grupos de Rock and Roll nacionales y es aquí donde comienza la historia que pretendo reconstruir.


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CINE

 


Parte del negocio son los conciertos. Ese espacio que hasta ahora estaba reservado para la música clásica se ve invadido de repente por intérpretes de canciones populares que también suenan en la radio, que se ha convertido en el aparato difusor y promotor de la nueva industria.

Anteriormente las canciones populares y sus intérpretes estaban supeditados a otros negocios que los sostuvieran y financiaran, como bares o restaurantes. Ahora la música nueva, popular, no solo se sostiene sola con las ventas de discos y entradas a conciertos, sino que en ocasiones llega a financiar y promover a los otros negocios como los restaurantes y bares.

Llegan los años sesentas y ya las comunicaciones cuentan con sistemas avanzados que facilitan una gran difusión. La radiación de una canción sirve como promoción del intérprete y de sus discos. En la televisión ya se puede apreciar más que la música. Ya no se venden sólo las canciones grabadas, de alguna manera se vende también al cantante. 

Es la era de los grandes ídolos. Los cantantes comienzan a actuar en películas de cine, superando con grandes ventajas los primeros intentos que años atrás se habían hecho con películas musicales. Ya no son actores que cantan sino cantantes que actúan. Los guiones son escritos especialmente para que el cantante pueda interpretar sus canciones dentro del argumento. No se hace música para las películas sino películas para los discos que ya están grabados y cuya venta se promoverá con el film.

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DISCOS

Las grabaciones en discos y los fonógrafos para reproducir esos discos ya se fabricaban comercial mente para la venta al público desde hacía ya bastante tiempo, pero en los comienzos de la década de 1950 el nuevo ritmo enloqueció a los Estados Unidos y permitió que grabar discos se convirtiera en un negocio rentable, más como una industria que daría grandes utilidades, que como producto musical concebido como cultura -diferente del lucro-. Toman forma entonces las compañías disqueras, distintas de las fábricas que hasta entonces producían  tocadiscos y discos que justificaran la venta de esos tocadiscos.

Las nuevas empresas montan sus propios equipos para fabricar discos y se encargan de buscar artistas que ofrezcan buenas posibilidades de venta. Ya no se fabrican sólo discos, ahora también se construyen ídolos que el público seguirá y comprará.

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PRIMEROS CAMBIOS
Mientras en la América Española se daban las condiciones para el surgimiento de los ritmos caribeños que hoy conocemos, entre las comunidades protestantes de Norteamérica nacía el Rhytm and Blues,  canto triste de los negros trabajadores de las plantaciones. 
Los procesos de mezcla cultural siguen a lo largo de la historia. Los negros incorporan en su música instrumentos blancos como el piano, el contrabajo, los vientos, y aportan la percusión creando un instrumento nuevo: La Batería
Las formas musicales siguen su evolución. En los Estados Unidos la comunidad negra ve aparecer las Big Bands y presencia la llegada del Jazz como la expresión del virtuosismo musical negro. Evolucionan también los instrumentos musicales. Aparece la guitarra eléctrica con un sonido innovador que retoma y aprovecha los adelantos tecnológicos en la amplificación del sonido, concepto antes inexitente, como inexistente era también la posibilidad de recoger la música en una grabación.

Las viejas generaciones se acostumbran a escuchar los fonógrafos, pero los jóvenes siempre son impresionados por cada adelanto, por cada cosa novedosa. El Jazz y el Blues negros toman un tremendo auge al ser las alternativas más fuertes dentro de la música popular de la época, dentro de la música no culta, la sencilla y fácil de escuchar sin necesidad de ser un gran conocedor de las teorías musicales. 

El Charleston de los años veintes y treintas del siglo XX resultaba anticuado y pasado de moda si se le enfrentaba con los nuevos sonidos amplificados que no supo incorporar. Las orquestas de baile tocaban música derivada del Blues y el Country estaba demasiado restringido a una zona geográfica por su carácter folklórico y campesino.

Sin embargo, el Blues tomó el esquema fuerte del ritmo de compás de cuatro cuartos del Country y finalmente, de la mezcla entre el Blues negro y el Country blanco, surge una nueva música que fue bautizada como Rock and Roll, debido quizás a la frecuencia con la que se repetían estas palabras en las letras de las nuevas canciones.